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viernes, 31 de mayo de 2013

MONTA-PLEX : 5 pesetas

   Siempre dije que una unión efectiva de las dos Alemanias, sería contraproducente para los demás países del entorno. De hecho, cuando se derribó el muro de Berlín en el 89, personalmente intuí el peligro que eso supondría 20 años después... Y es que la historia del siglo XX, pre, durante y posteriormente de la 2ª guerra mundial, quizá sea mi fuerte.
   Obviamente, no me considero ningún entendido en la materia, pero sí se podría decir, que soy un apasionado sobre este período nefasto de la Humanidad.
   Desde pequeño, jugaba con soldaditos que venían en sobres de papel, de a 5 pesetas :  Los Montaplex. Cuando salía del cole, tenía que apelar a la generosidad de mi madre. La superpequeña tienda de la señora Luisa, en la que curiosamente había de todo. Los soldaditos en cuestión, había que girarlos del tronco central donde se encontraban, para una vez individualizados, pudieras formar compañías.    Podría decir, que no tenía cientos, sino miles de ellos, y de prácticamente todas las nacionalidades.
   Me lo pasaba en grande. ¡ Eso sí era realidad virtual cuando disparabas una canica contra ellos !.
   Ya de más mayor, cayeron en mis manos los mejores volúmenes relacionados con tal contienda, en unas vacaciones en Salou, cuando contaba ya con catorce años.
   Entre mañanas de playa y tardes de lectura, pasé unas vacaciones inolvidables.   Creo que fue ahí, en ese preciso momento, cuando indagué lo suficiente sobre el período anterior a esa guerra, la duración y las diferentes grandes batallas de la misma. Y de lo que vino después, lo viví ya con más nitidez, puesto que lo hacía en presente.
   En concreto, creo que tal y como dice el artículo, nunca se debería haber permitido a Alemania su unión. Tanto si cayera el bloque soviético, como si se hubiera realizado cualquier otro invento, con tal de que nunca se volvieran a unir. Ahora es cuando se ven los devastadores efectos de esa unión, y de lo que nos queda por sufrir.
   Gracias a mi amigo José Antonio, por enviarme este artículo sobre un libro que trata profundamente sobre las causas y consecuencias de la post-2ªguerra mundial, y sin las mismas, hubiera sido imposible, entender precisamente dónde nos encontramos actualmente.
   Y sobre todo, gracias por la inspiración para poder hacer posible esta entrada en el blog.
   El artículo en cuestión, es éste :



   

martes, 12 de febrero de 2013

Caballo Stones


   Voy a la ducha, y por medio de mi móvil  de penúltima generación ( yo no soy de los capullos que se tiran 24 horas esperando en la puerta de la tienda,  para comprar el enésimo Ipad )  pongo a Sus Satánicas Majestades, con el disco Tattoo y se me aparecen imágenes de 1982.
   Mientras que el champú corre por mi cabeza, automáticamente me viene a la cabeza un ex-yonky llamado Paco. Paco del Río. Y digo ex, porque ya murió.
¡ Cómo flipaba con los Stones !. Fue a verlos al Calderón y todas sus expectativas se vieron cumplidas.
   Otro figura, era El Chorra. Este era más de Janis. Mientras nosotros estábamos con AC/DC en el cassette mono que tenía el Isidrito, el Chorra decía que le pusiéramos a Janis, mientras ellos se enchufaban el caballo desbocado que les dio la muerte.
   También estaba en esas batallas El Rupi. Otro personaje adelantado a su época en cuanto a vestimenta. Joder qué colores usaba el colega. Era el descojone total de la chavalería.
   Otro que tal bailaba -este bailaba menos-, era El Langui. El amigo de los niños. Un cojo motorizado, pero no con una silla de ruedas automática de las de ahora. No.
   Era un carrito azul oscuro, y llevaba en la mitad del carrito, una barra, que más parecía un booggie playero, que un carrito de impedido.
   Los yonkis se subían al carrito, y aquello parecían unas maniobras del Ejército de Tierra, en Dios sabe dónde.
   Y la pila de personajes que había en la plazoleta -la plazo- para los que allí vivíamos.
   Otro era El Mono. Un tal Miguel. Ese, desde la valla que había detrás de la casa de La Loca ( sí, la que salía con un palo cuando pegábamos los balonazos en la pared exterior de su salón ), se tiraba directamente al árbol que daba a la calle de al lado.
   Definitivamente a la loca que ya venía de serie, la desquiciamos nosotros bastante más.
   Supongo que le llamarían el mono por eso, o por los monos posteriores que sufrió, cuando vendió aquella Ossa en Duro tan chula que tenía.
   También estaba El Barry, pero no el White, sino otro.
   Esta semana pasada, estaba detrás de mí en el cajero, y según salían los pocos talegos que tengo, me pregunté : ¿ no querrá el menda darme un palo ?.
   Fue que no. Ya no tiene ni media hostia mal dá. Supongo que el trullo no le sirvió de mucho. Me miró como conociéndome, pero pasé de él. No tiene sentido, ni nunca lo tuvo.
   Y es que el daño que hizo el caballo blanco fue bestial.
   Secándome el cuerpo, he apagado a los Rolling, y me he sentido mejor.
   Prefiero a los AC/DC . Son más sanos, igual que éramos de chavales.

viernes, 14 de septiembre de 2012

La Llave

   Y leyendo la entrada anterior ( Julio 1981 ), tan solo me queda volver a reiterar el reconocimiento hacia este, nuestro Alcalde. Independientemente de su filiación política.
   Por aquellos entonces se estrenó la serie " V ". Una serie que casi todos los de mi edad, algunos anteriores, y muchos posteriores, recordarán, en el que había una invasión extraterrestre, en la que invadían la Tierra, unos seres que se podían convertir en humanos, pero en el fondo eran como lagartos.
   Diana era la jefa de toda esta gente. Su mayor deleite a la hora de comer eran los ratones.
   Pues bien, por aquel entonces, y aunque estábamos ya incluídos dentro de esa banda llamada OTAN, el entonces presidente de España era D. Felipe González.
   Ante diferentes presiones, tuvo que realizar un referéndum, para comprobar si los españoles estaban de acuerdo o no, de pertenecer a ese tipo de mafia.
   El resultado del referéndum, es conocido por todos, por lo cual no viene al caso ni citarlo.
   Pero no se me podrá nunca olvidar, que cuando "pillaba" el metro para ir a currar, veía todos los días los carteles propagandísticos  contrarios a la entrada -oficial- de España en la OTAN.
   Carteles en los que aparecía Ronald Reagan, mitad humano, mitad lagarto haciendo mención a la serie que todo el país veía. Bien cierto es que había pocas cosas mejores que ver. Teníamos la primera, y el UHF.
   Siguiendo el hilo de estos recuerdos, a Tierno Galván se le dio la oportunidad de otorgar la llave de   Madrid a tan siniestro personaje. Y él se negó en rotundo.
   Reagan se fue sin la llave de la ciudad, y viendo los carteles en los que él mismo era un medio lagarto.
   Ni siquiera el lagarto Guancho, sino otro menos simpático. Pero lo importante fue que se largó de   Madrid sin la llave.
   Creo que todo lo que vino después,  lo sabemos todos. Fue que sí, con condiciones. Y después sin ellas.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Julio 1981.

IV Festival Rock de Vallekas.
Lugar : Estadio del Rayo Vallekano.
Día     : 17 de Julio de 1981.
Presupuesto total de las fiestas :
            5 millones de pesetas. 30.000   euros.
Recaudación : 2,5 millones de pesetas de los conciertos. De cuando se gestionaban bien los fondos.
Actuaciones : Viruta, Pata Negra, Bloque, Topo, Obús y Barón Rojo. Día 17 de Julio. Memorable.
Actuaciones : Luis Pastor, Luis Eduardo Aute, Suburbano ( entre otros ). Día 18 de julio.
Duración de las Fiestas : 10 días entre unas cosas y otras. Todavía no existía la Batalla Naval.
Población : 300.000 personas ( año 1981 ).
Jefe de la Junta Municipal de distrito : D. Saturnino Zapata.
Excelentísimo ALCALDE de Madrid : D. Enrique Tierno Galván. El mejor Alcalde que tuvo, ha tenido y tendrá esta maravillosa ciudad. ¡ Qué recuerdos ! .
Aquello eran fiestas, y no la mierda que nos presenta año tras año, la señora que tenemos gobernando en la Junta desde tiempos inmemoriales, y además sin votarla.
Manda huevos que diría el sr. Trillo.
Para más información, a tirar de hemeroteca :

domingo, 19 de agosto de 2012

El Chikey

   Un personaje aquél. Llevaba una txapela colocada independientemente de que fuera verano o invierno, ya que la primavera o el otoño en Madrid, es casi inexistente.
   Era el señor que se preocupaba de llegar a todos los parques en los que estábamos todos los que le dábamos a los litros. Nunca admití eso de las litronas. Eso parece hasta ofensivo. Hey chikéis ¿ qué hacéis ?.
   Llegaba, echábamos unas risas, pero nunca nos reíamos de él, sino de las historias que nos contaba de cuando era joven y eso…
   Había sufrido lo indecible. Su mujer estaba en las últimas, y si por aquél entonces se llevaba por litro vacío, -casco- unas diez calas, pues le dábamos todos los cascos vacíos que tuviéramos, para que pudiera llegar a fin de mes. Seguramente no llegaba, pero éramos todo lo solidarios que nuestros paupérrimos sueldos nos lo pudieran permitir.
   El Chikey, llegaba justo cuando acabábamos de bebernos el enésimo litro -que no litrona-. Se enrollaba un rato con nosotros, nos vacilaba con nuestras pintas heavys, y todos nos lo pasábamos de puta madre con él. Y el con nosotros.
   Un tío de unos 78 años, con una vitalidad envidiable, gordo ( parecía un pin y pon , de esos que los ponen en el suelo y se tambalean ). Pero era entrañable, Y digo era, porque supongo que habrá muerto después de tantos años.
   Como siempre, se mueren los mejores, los peores viven casi eternamente, los muy hijoputas.
   Un saludo Chikey allá donde estés. Pensándolo mejor, ¿ dónde coño vas a estar, si después de esto que llamamos vida, no hay nada ?.
   De todas formas un saludo, de parte de la banda Heavy del parque.
   Qué pena de parque. Pasé por allí hace dos meses y allí no había nada. Ni "El Chikey", ni Heavys, ni siquiera había niños jugando en la parte de arriba donde están los columpios.
   Vaya mierda de siglo XXI.

( El orden correcto de lectura, serían las 2 entradas anteriores. Los Trabucos, Los Cartones, y después El Chikey, para tener un mínimo de sentido temporal ).

Los Cartones

   Poco más mayor que en la época de los trabucos y de la venta de perchas, y paralelamente al tiempo en el que pedías a tu madre las 5 pesetas necesarias para comprarte el Montaplex, de la tienda de Felisa, pegada literalmente al lado de la frutería de la señora Julia, había días en que no había dinero para poder comprar esas maravillas de montaje.
   Unos días, soldaditos alemanes de color gris. Otro día estaban los japoneses obviamente en color amarillo, pero los mejores eran los helicópteros de color verde oliva, ya que los tanques eran demasiado pequeños para jugar a una escala verosímil.
   También había barcos, pero eran a una escala todavía bastante poco creíble para poder jugar con un mínimo de calidad.
   Aquello era parecido a los huevos Kinder de hoy, pero sin huevo, y sin chocolate. Eso del chocolate, era una leyenda urbana. Hasta que llegaba tu madre un día del mercado, con la bolsa azul de nylon, y a aquella estupenda mujer, le había llegado el dinero suficiente para traer una tableta de las buenas.
   Del de marca "Valor". Nada de mariconadas de Nestlé. Del negro. Del que amarga. Ufff, qué bueno.
   Total, que el sobre Montaplex, no daba el suficiente entretenimiento, para pasar la tarde, después de salir a las cinco del cole.
   Hubo una mente espabilá, que sugirió que ya que los viejos cogían cartones del basurero, y los ataban con cuerdas, podíamos entre todos los que éramos, llevarnos unos cuantos cada uno, y entre todos, juntar " las perras " suficientes, para comprarnos nuestros vicios. Vicios que por otra parte, eran llegar a la panadería del Marcelino ( al cual le habían quitado la voz unos marcianos -según su versión-) , y pedirle un polo, de los que hacía Goya, su mujer. De leche y dulces como era ella.
   Goya debió ser una mujer muy bella de joven, y aunque quería llegar a no perder su juventud, virtud que había perdido 30 años antes,  seguía pintándose los labios de color rojo carmesí, pero de una forma parecida a las mujeres del Cabaret. Era patética, pero a su vez, también era dulce y simpática.

   El tema de los cartones, al principio fue como un trabajo en modo cooperativo. Nos uníamos los de mi calle, y los de la calle de al lado.
   Pronto nos dimos cuenta, que era más rentable ir por calles separadas. Llegamos a una auténtica competencia con los de la calle de al lado.
   Yo creo que por entonces, lo que le molestaba a quien nos compraba los cartones, era la pila de críos que estábamos haciendo cola para vender nuestro "producto".
   Los principales afectados de aquella historia, fueron los viejetes, que cuando llegaban a intentar pillar los cartones, allí no quedaba ni el recuerdo de ellos.
   Creo que lo que hicimos, fue una auténtica competencia desleal. Pero no teníamos conciencia.
   Ca´Angelete, era nuestro principal comprador. Hasta que nos echó de allí casi a patadas, porque se dio cuenta de que los cartones del medio del hatillo que llevábamos, estaban previamente mojados, para que pesaran un poco más. Hoy es un taller mecánico.
   Bueno, aquí, no se acabó el mundo.
   Unas calles más abajo, estaba RUA. Además pagaba mejor, pero siempre nos avisó, que si llevábamos un cartón mojado, no nos compraría nunca más.

   La época de venta de cartones, acabó cuando empezamos a currar con los 16 añitos de rigor.

sábado, 18 de agosto de 2012

Los Trabucos


   De chavalín, recuerdo que tendría unos 10 años, me juntaba con los coleguillas de la calle, de mi misma edad.
   Teníamos un taller de costura y telas al inicio de la calle. Genafo se llamaba el dueño del taller.
   Recuerdo también, que los mayores decían de él, que era judío. Lo cierto, es que en el barrio, no se le tenía en gran estima. Supongo que porque no eran muy bien vistos. Por aquel entonces, llamar a alguien "perro judío" era uno de los peores insultos que los mayores podían proferir. Eso era peor, que escupir a alguien a la cara.
   De todas formas, nosotros éramos inmunes a todos los comentarios sobre ese señor. Íbamos a nuestra bola.
   Lo único que nos interesaba, era esperar a que el señor Genafo, sacara las esperadas perchas, que amontonaba al lado del taller, para que las recogiera el camión de la basura.
   Alguno de los chavales gritaba :  ¡ Ha sacado las perchas !.
   Nos arremolinábamos allí, como los buitres a la carroña. Cogíamos lo que podíamos abarcar con nuestros bracillos. 10, 12. Las que pudieras.
   Íbamos a la calle de al lado, que tenía más público, sobre todo de madres, y nos las compraban todas en un periquete. ¡ Señora, ¿ me compra una percha ? !. Qué solidarias. A peseta por percha.
   Ya teníamos para caramelos esa tarde.
   Pero cuando realmente nos lo pasábamos bien, era cuando el señor Genafo ( supongo que no sería el nombre del dueño, aunque todos le llamábamos así, porque eso es lo que ponía en el cartel ), sacaba lo más preciado del taller. Los trabucos.
   Cilindros de cartón duro. Esos eran utilizados para las batallas que hacíamos, y utilizábamos a modo de espadas, o simplemente para golpear a los rivales.
   Y el sonido que hacían los trabucos al ser estampados en la cabeza de los coleguillas, no hacía ningún daño. Al revés, Tunk, Tunk, echábamos unas risas…Era mucho más fuerte el sonido que hacían aquellos cilindros de cartón, que el dolor que pudieran producir.

jueves, 14 de junio de 2012

De chavalines...



   Después de decidir dar una vuelta por Madrid, aparezco en Atocha. Ida y vuelta, 12 kilometrillos de nada, a pata. Eso sí, respiro aire puro y natural, como en la canción de LEÑO.
   Digo, puedo seguir un poco más y visitar la Feria del Libro. Llegué bastante temprano. Estaban abriendo, y la mayoría de los puestos todavía estaban cerrados.     Punset o algún otro, vendría por la tarde. Ofertas : 3 libros, 5 euros.   Nada que no se pueda bajar de Internés.
   Me voy de vuelta. ¿ Cojo el tren, o vuelvo andando ?.
   Después de subir desde el Puente de Vallekas, que es lo que más cuesta, cómo voy a coger el tren.
   Decido volver a pata, y así me ahorro el 1,35 del tren, y tirar millas de nuevo por la Avda. Ciudad de Barcelona.
   Llego a mi barrio, pero tiro para las calles donde me crié.
   Plazoleta de Uceda. Joder, cómo ha cambiado esto. Antes, nos juntábamos todos los chavales allí, y hacíamos la Vuelta ciclista a España, abriendo camino entre la arena que llenaba toda aquella plazoleta.
   La nuestra, estaba asfaltada y no podíamos hacer la vuelta ciclista.
   Uno se ponía con las dos manos juntas, avanzando entre la tierra, y los demás sugeríamos las curvas que había que tomar.
   Generalmente era el Yustin, el que hacía el recorrido. Asesorado por los demás participantes que intentábamos ganar aquellas carreras.
   Yustin, era un tipo particular. Se llamaba Agustín, pero cuando le preguntabas cómo se llamaba, indefectiblemente te respondía Yustin. Tenía un defecto en el habla, que incluso sus padres aumentaban al llamarle para merendar. Yuuuuustin, la meriendaaaa.
   Yustin, en las fiestas del Carmen, que se hacen en Vallekas a mediados de Julio, decía :
   ¡ Vamos a los cobetes !.
   Los "cobetes" o cohetes, se tiraban en un parque un tanto lejano, y nos íbamos con una de las madres que tanto abundaban por aquel entonces, por allí. La Maricarmen.
   Te preguntaba tu madre : ¿ Adonde vas ?. Me voy con la Maricarmen a ver los cobetes.
   Entonces no había problema, si nos llevaba la Maricarmen.

   Bien. Después de la ida y vuelta de unos 12 kilometrillos, y escuchando Metal de por medio, aparezco en el parque donde 30 años atrás tiraban los "cobetes".
   Unos señores mayores jugando a la petanca, y yo me siento en uno de los pocos bancos que dan sombra
  ( Odio el sol ).
  Me gusta verlos jugar a la petanca, pero sé que cuando yo llegue a su edad, no tendré tiempo, ni ganas de jugar a eso. Sigo con Van Halen, taladrándome los oídos.
  Otro pequeño recorrido de un kilómetro más -total, qué mas da un kilómetro más, que menos-.
  Vuelvo a la antigua plazoletilla donde jugábamos de pequeños con arena. Aquellos guás que nos currábamos para jugar a las canicas cuando era la moda…
  También estaba la moda de los peones -el trompo-. Luego llegaba lo del yo-yó, y ahí nos servía nuestra plazoleta tan solo. Incluso las tizas que podíamos pillar del cole, para poder delimitar el campo de fútbol, mas las chapas y la plastilina -siempre se llamaba pastelina- para pegar las fotos de tus jugadores favoritos en ellas, y currártelas con cristal y todo…Se necesitaba una buena piedra de pedernal, para dar forma al cristal con el que personalizabas las chapas con los jugadores. 
  Luego venía la moda de los peones.
  En el caso de los peones, se pintaban cada uno a su libre albedrío, pero para la punta, había una leyenda urbana que decía, que para endurecerla - la púa o punta- era necesario utilizar una cagada de caballo o burro en su defecto, que hacía las veces de pegamento. Finalmente y como ya no pasaban casi borricos por el barrio, utilizamos la segunda opción, que era ni más ni menos, que picotear la corteza de los árboles con la misma púa o punta del peón, hasta llegar a la savia. Eso endurecía enormemente el poder de ataque para destrozar los peones rivales.
  Sedita Pura.
  Así lo llamábamos. Sedita Pura. Realmente, eso era la Savia de la Vida.
  Después de pasar por ese trance, el peón de madera -no sin antes haber tenido un remojón en agua-, ya podía considerarse un peón de competición.
  Una vez pasado todo este proceso, sólo faltaba el tunning. Había que ponerle unas chinchetas en la parte de arriba, por supuesto coloreadas, y ya estaba listo para DESTROZAR.
  El objetivo del juego, era destrozar a todos los demás dentro del círculo. Está claro que las chinchetas eran una armadura. Lo peor, era cuando venía " El KIKI". Era temible. Otro que tenía problemas con el habla, y con los mocos. Padto peonez. Padto peonez, y los mocos verdes cayéndoseles de esa cacho nariz. Qué asco. Y rompía peones como si no hubiera un mañana.
   Nunca rompió uno mío. Solo faltaba que llegara ese anormal, y me jodiera un peón que tanto me había costado "personalizar"  ¡no te jode !.
   No me falta inspiración en esta entrada, ya que se podría escribir hasta un libro, pero cuando pasé por allí el otro día, ví la plazoleta asfaltada y adoquinada, y mucho mas moderna, pero se me cayó el alma al suelo.
  No había allí ningún chavalín jugando, ni a la peonza, ni a las canicas, ni a la Vuelta Ciclista a España, ni a NADA.
  Las maquinitas mataron a la sociedad infantil.

domingo, 25 de marzo de 2012

Bibliobús, jueves 6 de la tarde


   Como cada jueves a las 6 de la tarde, allí estábamos , puntuales como el Big Ben.
   Antonio Gómez García, José Antonio Pastor y yo.
   A veces Antonio, no venía. Mas de una vez a Pastor no le apetecía salir a las 5 del cole, y esperar una hora al Bibliobús. Independientemente de que vinieran mis compañeros, yo estaba allí clavado como un palo, a las 6 de la tarde. Podía hacer calor, o llover a cántaros, pero allí estaba.
   Quizás ellos no tuvieran el mismo ansia que tenía yo por leer.
   Como premio a mi lealtad al Bibliobús de los jueves, llegando el mes de mayo, y próximos a finalizar el curso, el encargado de la biblioteca móvil, me regalaba libros para leer en verano, sin tener que devolverlos. Eran libros que iban a desechar para el año siguiente. Después me aficioné a las bibliotecas fijas, pero en aquel entonces, no estaban muy surtidas, ni había muchas donde elegir.
   Lo que estaba claro, es que trataba con sumo cuidado, cualquier libro que me prestaban. En mi cabeza no cabía, ni cabe, tratar mal un libro que me iba a entretener durante la siguiente semana.
   Cualquiera que me conozca, sabe que no hay otro tipo de documento, ni musical, ni visual, que trate mejor que a un libro. Eso también es extrapolable a los discos de vinilo.
   Los discos, son documentos hechos en su correspondiente época. Abrir un disco de vinilo, sacar el disco, leer las letras de las canciones que lo componen, coger el disco por sus bordes, ver la brillantez al trasluz de ese color negro que se convierte en luz...
   Pueden llegar a ser incómodos, pero teniendo sumo cuidado, y tiempo para buscarlos, y un par de agujas de repuesto ( como tengo ) , no hay placer mejor.
   Está claro, que una buena calidad, y sin moverte del sitio, y elegir lo que quieres escuchar, no tiene precio. Pero lo de abrir un vinilo, sacarlo de su funda, ponerlo en el plato, y escucharlo ufffff. Ni punto de comparación. Es un ritual. Esa sensación no te la da, lo de buscar una cancioncilla en el ordenador. Ese chisporroteo, de un disco de 1976 por ejemplo, no tiene nada que ver con buscar la carpeta en el disco duro. Además, cuanto mas antiguo, mejor. Tengo discos, que cuando los coges al peso, adivinas rápidamente que lo que hay dentro tiene calidad. También pienso, que todos mis discos, los tengo en el portátil, por comodidad, pero se pierde el ritual.
  Igual que abrir un libro, oler sus páginas, saborear esa sabiduría oculta entre sus páginas, no tiene precio.
   Ningún otro documento lo he tratado con este tipo de cuidado, y más si no era mío. Tanto si me lo dejaba algún amigo, como si me lo prestaba mi biblioteca municipal habitual.
   Así fue desde que tenía 9 años, y así será para siempre. Y todo se debe al respeto que les tengo a este tipo de joyas.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Los billares

                                                                                                 
   Teóricamente, para entrar en los billares, había que tener 14 años. Era nuestro principal refugio cuando acababa la época del buen tiempo. Veías a los jugones echar sus partidas de billar, e intentabas ver cómo aplicaban los efectos a la bola para hacer carambolas. Había cuatro billares franceses y uno americano.
   El americano era para principiantes. Eso de colar bolitas de colores, era fácil. Lo bonito era ver cuando jugaban en los otros cuatro. De hecho, el americano estaba ahí, para gente que venía de paso.
   Después introdujeron las nuevas tecnologías : los marcianitos. Poco después vinieron las moscas. Pero hasta entonces, las que se llevaban la palma en cuanto a maquinitas, eran las pin-ball, o las de bolas de toda la vida.
   También estaban los campeonatos de futbolín.
   Cuando la tecnología fue aplicada adecuadamente a las pin-ball, es decir, cuando cogías el mechero eléctrico de la cocina de tu casa, y le pegabas al panel metálico de la máquina, aquello era la mejor forma de pasar la tarde gratis. Y con un solo clik.
   Algo más analógico, era abrir el candado de los futbolines, cuando el encargado de los billares, estaba a por uvas. Palanca p´arriba, y bajaban de nuevo las bolas. A saco.
   Aquello, eran tardes de gloria. El señor Paco, no daba abasto, corriendo de un sitio a otro, buscando malhechores por todo el salón de los billares.
   Decidió dejar el puesto. Eso no hizo mas que aumentar la rapidez con la que este tipo de negocios, iban a irse al garete.
   Entró El calorro. El calorro ya sí que no daba abasto ( aunque tenía peor leche que el señor Paco ). Era cojo, y nunca llegaba a tiempo para parar el delito. Si se iba a la zona de futbolines, ya estábamos otros pegándole al Magiclik. ( Eso si que fue un mechero mágico, y no todos los inventos que se hicieron después).
   Y ya ni contar, si alguien contrataba la zona de ping-pong. Eso era ya el orgasmo. Como estaba en otro local adyacente, venga todos a darle al magiclik, otros abriendo los candados. Estaba todo calculado.
   Cuando venía de aquella zona, curiosamente todas las pin-balls estaban llenas de partidas extra, y los futbolines llenos de gente. Había ligas y todo.
   Todo era en detrimento de los jugones de billar, que iban por tiempo, y ahí no había tu tía para tangar. Poco después, llegaron las drogas y aquello ya se volvió incontrolable del todo.
   Hoy es una tienda de regalos.

La señora Angeles

   Cuando iba al médico con mi madre, y me recetaba inyecciones, se me caía el mundo encima.
   Enfrente de casa, estaba la señora Angeles. Decían que en su juventud, había sido practicante.
   Entrábamos en una casa baja, con un pequeño pasillo, que daba a un patio común. Nunca entendí que la puerta de la casa de la señora, era la mas oscura de todas las demás. No solo era oscura, sino lúgubre.
   Tenía el pelo completamente canoso. Unas ojeras muy pronunciadas. Pero lo peor era, cuando te ponía la inyección. Qué pesadilla. ¿ Dónde aprendíó esta mujer a poner inyecciones ?. Tuvo que aprender en la I Guerra Mundial, inyectándoles medicinas a los caballos de carga, para que aguantaran la batalla...
   Al día siguiente, recuerdo cruzar otra vez la calle, de la mano de mi madre, y me tenía que arrastrar. Pero arrastrar literalmente, dando yo, con las punteras de los zapatos en el asfalto, hasta que veía la decisión en la cara de mi madre, y no me quedaba mas remedio que traspasar aquel umbral. Desde entonces cada vez que la veía por la calle, me cruzaba de acera. Me daba un miedo atroz, con esa cara y con esa voz aflautada, y rasposa a la vez.
   Con el correr del tiempo, y cuando seguían recetándome inyecciones, íbamos a un ambulatorio. Estaba un poco lejos de casa, pero curiosamente, estaba mucho mas lejos a la vuelta. Un día acababa cojo de la pierna izquierda. Al día siguiente, descanso. Al tercer día cojo de la derecha. Al volver, no podía nunca jugar con los amiguetes del barrio.
   Este, era un ambulatorio nuevo, pequeño, pero nuevo. Lo que mas me llamó siempre la atención, era un cartel que había en una de las salas que decía : " SALA DE CURAS ". Aquello sí que daba mal rollo.
   Creía que en cualquier momento, saldría de allí un cura a dar la extremaunción, a cualquiera que se quedara "pillao" en la sala del practicante.
   Aún así, y con todo, no tenía nada que ver con la malvada señora Angeles.

sábado, 4 de febrero de 2012

Mi peluquero

   Yo de toda la vida, siempre he ido a la misma peluquería a cortarme el pelo, o como yo lo llamo - a espelucharme-.
   Espeluchar a alguien, es dejarla sin dinero ( más aplicable a los jugadores de tragaperras o a los asíduos del bingo , cosa que no va para nada conmigo ).
   Espelucharme, lo que se dice espelucharme, tampoco es que lo haya hecho. Pero sale uno a la calle y decide ese día cortarse el pelo, sin estilismos, ni mariconadas de ningún tipo, y te quedan solo 6 pavos de los 20 que llevabas ese día para pasar la mañana de la manera mas normal. 1 pavo es la propina oficial  ( para a quien no le cuadren las cuentas ).
   Cuando me "pelaba" de pequeño, mis padres me llevaban a esa peluquería. Por aquel entonces, eso de llamar estilista a un peluquero no se estilaba.
   Recuerdo aquel caballito blanco en el que te ponía el peluquero, y le daba a un pedal para poder adaptar tu cuerpecillo al espejo -no porque el peluquero no te viera, sino para que tú mismo te pudieras visualizar en el espejo -.
   Definitivamente su hijo es mejor peluquero -estilista- que su padre. Ha tenido un buen maestro que es quien le ha enseñado su oficio. Ese hombre ha luchado para que sus hijos estén debidamente considerados. Yo los aprecio, y ellos sienten el mismo afecto por mí. No solo por ser su cliente, sino por ser un amigo. Mas de unas cañas nos hemos tomado, y no hablo de ser coleguitas de bar…
   Volviendo a lo anterior :
   Era un auténtico trauma cortarse el pelo cuando eras pequeño. Aparte de estilismos, lo que se llevaba de moda entre los chavalines era la siguiente  capullez :
   -Al que se le pela, se le estrena.
   Salías de la peluquería como un coche nuevo, pero sabías que en cuanto llegaras a tu calle, te iban a estrenar. No como  a quien se compra un coche nuevo.  NO . El estreno, no tenía nada que ver con los cines. Era algo mas cruel. Era una collejada popular jajajaja.Lo bueno de todo esto, es que era completamente gregario. Hoy te tocaba a ti, mañana le tocaba a otro. Si ese otro, te había acollejado un poco mas fuerte de lo normal, cuando el coleguita aparecía "pelao" le pegabas un viaje en el pescuezo que hacía que se le soltaran las lágrimas jejeje, qué recuerdos.
   A continuación, nos poníamos a jugar a las canicas o las chapas ( dependiendo de la época, si había Vuelta a España  )
   Volviendo al tema de la peluquería ,era triste, ver cómo caían tus propios cabellos al suelo, y a continuación la chica que se ocupaba del reciclaje del pelo ( en aquel entonces, los pelos iban a la basura ), hacía como que lo recogía con el recogedor. El mismo recogedor que se utiliza en las casas para barrer.
   Qué impotencia, ver que tu pelo iba a acabar en la basura, como si fueran las sobras de unas latas de mejillones o de atún, antes del almuerzo.
   Todo esto, también  es parecido a cuando cumplías años y te hacía ilusión ( no como ahora, que los cuarentones nos vamos pareciendo cada vez mas a Lola Flores, la Lola de España quitándose años  ).
Como se enteraran los coleguitas del barrio de que ya eras un año mas mayor, mas te valía no tener patillas.
   Sí, patillas, porque en mi barrio no se tiraba de las orejas como comúnmente se ha hecho toda la vida, sino de las patillas. Yo creo que desde entonces dejé de llevar patillas al uso.
   No sé que tipo de enajenación mental, hizo que nuestras costumbres cambiaran, ya que por aquel entonces no teníamos  maquinitas como las de ahora -tuvimos a los marcianitos- pero es curioso eso de cambiar las tradiciones de toda la vida.
   Desconozco si este fenómeno ocurrió solo en mi calle, o pasaba en las demás calles adyacentes, pero doy fé de que en mi calle esto era así jajaja.
   Mas te valía no tener patillas… En el fondo creo que hasta llegamos a inventar el PUNK.
   En verano había peleas de agua entre nuestras calles. Era light. Globos llenos de agua, de cuando se acostumbraba lo de poner fuentes públicas de agua pública en las calles.
   En inverno era mas heavy.
   DREA  hay DREA  esta tarde… La 1ª vez que escuché esa palabra, pregunté a los coleguillas.
   Los mas inspirados me informaron debidamente :
   Una drea, era ni mas ni menos, que una pelea entre calles. Solo que aquí ya no existían mariconadas de ningún tipo, como los globitos de agua en el verano.
   Aquí, el tema se discutía a pedradas ( o a pedrás , dicho de forma literal ). Una buena tarde de invierno, recién acabada la partida de peones, empezaba la batalla en la que se dirimía la supremacía entre las dos calles contendientes.
   Las chicas jugaban con sus muñecas, mientras los chicos cogíamos las mejores piedras para tirárselas a la cabeza, a tu "enemigo". Tu enemigo, el día anterior había perdido o ganado a los cromos.
   Lo importante es que todo lo que ocurría en mi calle, era en equipo.
Ahora te preguntan : ¿ Has trabajado alguna vez en equipo, tienes experiencia ? JAJJAJAJA.
Me río yo de la 5ª flota USA.
   La organización que teníamos los de la calle Juan Portas, rayaba la perfección.
   Los de la calle Uceda, no te los pierdas. Estaban mas especializados en temas de guerrilla.
   Una pedrá más, una pedrá menos, al día siguiente, si empezaba la Vuelta a España, o tocaba la temporada de peones o canicas, la batalla o DREA, ya había terminado. Había heridos, efectos colaterales como en cualquier batalla, pero se seguía viviendo como si no hubiera ocurrido.

   Toda la culpa de esta pedazo de parrafada, la tiene mi peluquero. Siempre que me corta el pelo, recuerdo cosas medio olvidadas de cuando era chavalín. Me retrotrae, es inevitable.

( Debo decir, que esta entrada, la he publicado con motivo del primer cumpleaños del Blog, pero habrá más en este sentido. Si no hay un poco de humor en nuestras monótonas vidas, estas serían mas difíciles de vivirlas )