miércoles, 8 de febrero de 2012

La señora Angeles

   Cuando iba al médico con mi madre, y me recetaba inyecciones, se me caía el mundo encima.
   Enfrente de casa, estaba la señora Angeles. Decían que en su juventud, había sido practicante.
   Entrábamos en una casa baja, con un pequeño pasillo, que daba a un patio común. Nunca entendí que la puerta de la casa de la señora, era la mas oscura de todas las demás. No solo era oscura, sino lúgubre.
   Tenía el pelo completamente canoso. Unas ojeras muy pronunciadas. Pero lo peor era, cuando te ponía la inyección. Qué pesadilla. ¿ Dónde aprendíó esta mujer a poner inyecciones ?. Tuvo que aprender en la I Guerra Mundial, inyectándoles medicinas a los caballos de carga, para que aguantaran la batalla...
   Al día siguiente, recuerdo cruzar otra vez la calle, de la mano de mi madre, y me tenía que arrastrar. Pero arrastrar literalmente, dando yo, con las punteras de los zapatos en el asfalto, hasta que veía la decisión en la cara de mi madre, y no me quedaba mas remedio que traspasar aquel umbral. Desde entonces cada vez que la veía por la calle, me cruzaba de acera. Me daba un miedo atroz, con esa cara y con esa voz aflautada, y rasposa a la vez.
   Con el correr del tiempo, y cuando seguían recetándome inyecciones, íbamos a un ambulatorio. Estaba un poco lejos de casa, pero curiosamente, estaba mucho mas lejos a la vuelta. Un día acababa cojo de la pierna izquierda. Al día siguiente, descanso. Al tercer día cojo de la derecha. Al volver, no podía nunca jugar con los amiguetes del barrio.
   Este, era un ambulatorio nuevo, pequeño, pero nuevo. Lo que mas me llamó siempre la atención, era un cartel que había en una de las salas que decía : " SALA DE CURAS ". Aquello sí que daba mal rollo.
   Creía que en cualquier momento, saldría de allí un cura a dar la extremaunción, a cualquiera que se quedara "pillao" en la sala del practicante.
   Aún así, y con todo, no tenía nada que ver con la malvada señora Angeles.

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