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miércoles, 14 de enero de 2015

La mujer que siempre tuvo un mechón blanco en la cabeza

   Hoy por la mañana, he pasado por una antigua farmacia en la que compraba mi madre los medicamentos cuando yo era pequeño y salíamos del médico.
   Antes de llegar a dicha farmacia, he pensado que muy probablemente no estaría la mujer que años atrás estaba allí, al pie del cañón.
   Pero me he equivocado . Allí estaba, después de cuarenta años. Y no ha cambiado mucho .
   Lo más llamativo ha sido que la señora seguía con ese típico mechón canoso que le sale justo del flequillo, y allí seguía también, con su peinado igual que hace cuarenta años, y ese mechón de canas en el mismo sitio que lo tenía la última vez que la vi.
   La verdad es que no ha envejecido mucho, aunque me ha hecho recordar lo mayor que estoy yo. Iba de la mano con mi madre a esa farmacia y esa mujer ya estaba allí, e incluso ya era mayor…
   No aparenta más de 70 años aunque probablemente esté mas cerca de los 80 . El caso es que la he mirado a través del escaparate, y ella me ha mirado a mí también como queriéndome conocer.

   En ese preciso momento he retrocedido cuarenta años. Sencillamente ha pasado, y ni me ha gustado ni me ha disgustado, sino todo lo contrario.

NOTA DEL AUTOR :

   La foto no tiene nada que ver con la mujer de la farmacia. Simplemente es la más parecida que he encontrado en la interné.

viernes, 7 de noviembre de 2014

El butanero siempre llama dos veces

   Historias del butanero que servía bombonas de butano, pero no en mi barrio. En mi barrio el butanero oficial era Angel, el de toda la vida.
   Este butanero o pseudo-butanero era un puto borracho. Vivía justo enfrente mío. Su mujer estaba todavía apetecible, aunque para un chaval de mi edad, casi cualquier mujer por debajo de los 40 lo estaba…
   La gitana que vivía al otro lado de mi calle, y que cuando su marido se iba a vender por ahí, ésta se vestía de tigresa… Joder. Que se me va lo que iba a contar jejeje.
   Cierta vez, el vecino ( ya difunto, según me dijo la hija de la cotilla más importante de la calle, cosa que igual ha heredado de su madre, como no podía ser de otra manera ), juntó a su cuñado, y le dieron una paliza al pseudo-butanero.
   Qué pedazo de cabrones. Eran dos y encima esperaron encontrarle todo borracho al otro ( lo cual no era muy difícil ). Le dieron lo que no está en los escritos, los muy hijosdeputa.
   Total, que me he acordado del pseudo-butanero, porque he entrado en la dichosa página con la que buscas calles, y una vez encontrándome en mi antiguo barrio, me doy cuenta que la casa en la que vivía el pseudo, ha desaparecido. 

   Al igual que muchas otras cosas, también desaparecidas.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Andando

   Ando sin mas meta que mi tiempo. Ando y ando como si fuera el gilipollas aquel de aquella película…
   Qué mal me cae Tom Hanks. El caso es que es un actor como la copa de un pino, pero me cae casi igual de mal que mi antiguo vecino " el Jesús".        Yo no sé donde les saqué el parecido. En fin.
   Jesús era el hermano pequeño del "Peri". ¡ Vaya tela de hermanos !.
   Cierta vez casi les meto en la puta cabeza con la tarima con la que poníamos el brasero en invierno.
   Tan solo recuerdo algo bueno de aquella familia…
   Y es que un día me fui a la piscina con ellos ( cuando era pequeño ) y su madre "la Carmen" me compró una Pantera Rosa. Con un padre llamado Marciano todo esto y mucho más era posible.
   ¿ Os hablé de un tal Félix ? . Sí  ¿ al que le daban ataques epilépticos y en el Canciller la gente flipaba cuando le daba uno de sus innumerables ataques ?. Creo que sí, sino otro día os hablaré de este personaje también.
   Cuando en aquellos  " loros " de aquel entonces, tamaño maleta, escuchábamos a los AC/DC, hasta ahí todo bien. Pero cuando se le ocurría poner al Pirata en la radio ya era otra historia…
   Y digo historia de Cuartomilenismo. Decía "el Félix" : Ostia, viene por ahí el Marciano jejeje.
   Y automáticamente el programa del Pirata se transpapelaba.   Interferencias por doquier, y el muy cabrón hasta que no aparcaba la mierda de furgona que tenía, no llegaba bien la señal. JODER, y no era solo por el nombre. Es que era más feo que pegar a un padre con un calcetín "sudao".
   El Pirata todavía sigue en la radio y cada vez que le escucho veo al    Marciano de los cojones.
   Menos mal que sigue poniendo buena música, Rock & Roll sin más. Ya debe estar mayor. Ya lo estoy yo también y él me sacaba unos cuantos…
   Total, fin del buen rollo.
   A lo que iba :
Que ando cada vez menos y se me está poniendo una barriga que lo flipasss.
   Un vecino ( casi igual de gilipollas que "el Jesús" o "el Peri" ) me dijo el otro día que cuándo íbamos a ir de bautizo.
   Será gilipollas el tío este. ¿ Pero a qué bautizo quieres ir subnormal ?.
Que ya no se llevan los bautizos.  Hace séis meses me preguntó que cuando iba a parir, y le dije que me quedaban unos tres meses.
Ayer le veo al muy gilipollas y me vuelve a preguntar lo mismo.
Y le vuelvo a decir lo mismo que hace séis: Tres meses.
Y se queda tan tranquilo, y yo más.

Es buena persona, pero los colegas ya no son lo que eran.

miércoles, 23 de abril de 2014

Historias de la tahona

   Con motivo de no sé qué, ni por qué, ni porque no, hoy he recordado la tahona que hubo al final de mi calle, al principio de la plazoleta.
   Era una panadería dotada, de lo que en aquellos tiempos podía tener cualquier panadería. Solo que en ésta, Marcelino el panadero en verano fabricaba helados caseros.
   Mejor dicho, no eran helados sino polos. Pero polos de lo más arcaico :
   Un palillo y un pequeño polo unido a él.
   Qué ricos estaban. Llevaban leche y algo de fresa. Cuando los fabricaba su mujer Goya sabían bien, pero no tan ricos como los que hacía su marido.
   Costaban una peseta. Pesetas que los chavales de la época pagábamos en muchos casos con monedas de diez céntimos.
   El caso, es que el tal Marcelino era calvo, y las palabras le salían muy pobres de sonido… casi ni se le oía.
   Era como cuando alguien habla en susurros, pero gritando. En fin, nunca he oído hablar a nadie como él.
   Cuando le preguntábamos los chavales por qué hablaba de esa manera, respondía que de joven, había bajado una nave espacial y sus tripulantes le habían robado la voz.
   También tenía un perro ratero. Y digo ratero porque siempre estaba al tanto de la alcantarilla por si salía alguna rata. Siempre salía alguna que otra, ya que por entonces la basura no se metía en contenedores, sino en plena calle.
   A lo máximo que llegó el ayuntamiento es a obligarnos a utilizar bolsas de color naranja que ellos mismos proveían, con el fin de contentarnos por no tener contenedores.

   El perro, casi siempre era capaz de cazarlas, pero cierta vez una de ellas le enganchó de la oreja y desde entonces el perro pareció quedar tan abducido como Marcelino.

jueves, 23 de mayo de 2013

El brasero


   Esta entrada, viene a colación de un power point que me han enviado, y me ha hecho recordar tiempos pasados, quizá más felices que los actuales.

   Recuerdo cuando era chaval, que mi padre me encargaba ir a comprar el carbón con el que todos los días del invierno, él se dedicaba a preparar el brasero con el que luego estábamos todos calentitos en la sala de estar. Mitad picón, mitad herraj.
   Si te echa un poco más de picón, no pasa nada. Una mañana de domingo fuimos al rastro de Cascorro a comprar los aparejos necesarios. Sobre todo la paleta con la cual mover aquello.
   En Madrí, cuando hace frío, hace frío.
   Era todo un ritual, verle en el patio preparando los bártulos para que a la hora de comer aquello empezara a calentar.
   Después a media tarde, mi padre me decía : Juan, dále una meneílla. Y eso formaba parte del ritual. No era apartar las brasas, sino juntarlas de tal forma que yo hacía una especie de montículo para que el calor durara más tiempo.
   Otra forma de echar a perder el brasero era " esturrearlo ". Esta técnica, solo se debía utilizar para que antes de irnos a dormir, el brasero perdiera todas las cualidades caloríficas, y su calor se extinguiera lo antes posible.
   Muchas veces, era más conveniente esturrearlo bien, antes de sacarlo al patio.
   Tuvimos un serio disgusto, una noche de bastante frío en la mi que mi padre, se quedó dormido allí, y gracias a mi madre, abrió las ventanas, la cosa no pasó a mayores.
   Creo que fue a partir de ese episodio, en el que los dos pensaron que era mejor pasar a la tecnología inmediatamente superior. Un brasero eléctrico.
   Pero el artilugio eléctrico, automáticamente perdió toda su esencia y su ritual.
   De hecho, en mi calle sigue sobreviviendo una carbonería de las de antes, y dado la avanzada edad del dueño, supongo que cerrará cuando éste deje el mundo de los vivos.